Racionalidad y Realismo en las Ciencias Sociales
(Trabajo final para el curso “Epistemología de las Ciencias Sociales”, Magister en Filosofía, U. de Chile, año 2001)
Introducción
La discusión central del seminario “Epistemología de las Ciencias Sociales” ha recreado los debates en torno a la validez de dichas ciencias “al modo de las ciencias naturales”, las que describen un mundo tanto interno como externo al hombre. En las ciencias el hombre conoce a través de la descripción y la explicación el mundo donde se inserta, como individualidad y como colectividad. Este conocimiento del mundo humano, del planeta, de sus especies y sus interrelaciones, se sistematiza en un corpus de ciencias formalizadas como la física, la química, la ecología y el resto de las ciencias naturales. Pero las interrelaciones humanas, la configuración y dinámica de las sociedades y culturas es sistematizada en el corpus de las llamadas ciencias sociales.
El origen de ambos sistemas científicos es descrito en palabras de H. Rickert como: “(para las ciencias naturales y sociales) las palabras naturaleza y cultura no son unívocas, y particularmente el concepto de naturaleza se determina siempre, en primer término, por el concepto del cual se le opone. Para evitar toda apariencia de arbitrariedad, lo mejor será atenernos por de pronto a la significación originaria. Los productos naturales son los que brotan libremente de la tierra…según esto, es naturaleza el conjunto de lo nacido por sí, oriundo de sí y entregado a su propio crecimiento. Enfrente está la cultura, ya sea como lo producido directamente por un hombre actuando según sus bienes valorados, ya sea, si la cosa existe de antes, como lo cultivado intencionadamente por el hombre, en atención a los valores que en ello residen.” 1
Son estos últimos fenómenos (los devenidos de la presencia colectiva y social del hombre en el mundo) los que hemos analizado y que en el presente ensayo quisiera delinear en torno a dos temas del curso: la racionalidad del conocimiento generado por las ciencias sociales, y el realismo externo e intersubjetivo que se supone configurado por el hombre en sociedad y sus instituciones.
La labor de la ciencia
En la vida de sociedad, el hombre necesita conocerse como colectividad. Este conocerse deviene en la formación de un corpus científico que le permita generar conocimiento de si mismo indagando, interpretando y explicando los fenómenos que lo configuran como entidad social: la lingüística, la comunicación, la economía, la historia, la sociología, la educación, etc. A su vez, otro corpus científico, la ciencia natural, determina las relaciones del hombre con su entorno físico y con su individualidad biofisiológica.
En esta labor científica de conocimiento del mundo, emergen conceptos propios de la búsqueda de regularidades de lo que es el fin ultimo de la ciencia: asegurar un aprendizaje concreto y real. Conceptos tales como legalidad, causalidad, explicación e interpretación son comunes cuando nos enfrentamos a esta tarea de conocimiento. Todos estos conceptos son formas en que el hombre se responde las preguntas de si mismo y del universo. Pero, principalmente, buscamos legalidad pues la leyes nos permiten explicar, predecir y generalizar acerca de lo conocido: “la ley es una pauta inmanente del ser y del devenir, una estructura nómica (o parte invariante) del nivel óntico. Es una relación constante en la naturaleza, la mente o la sociedad.”2 De esta manera, los cientistas sociales buscan que las leyes expliquen o predigan ciertos fenómenos de la sociedad, tal como las grandes leyes de la física o las matemáticas lo hacen en su ámbito.
En este contexto ¿pueden formularse leyes al modo de las ciencias naturales en las ciencias sociales? Según los autores Fay & Moon existen dos posturas polarizadas frente al tema: los naturalistas, que consideran a las ciencias sociales como muy similares a las ciencias naturales, y por lo tanto, correspondientes metodológicamente con éstas. La postura de los humanistas, por el contrario, asegura que ambas ciencias no tienen ningún punto en común, por lo tanto las ciencias sociales no tienen correspondencia ni coherencia con el método científico clásico. Fay & Moon pretenden dar con un punto medio que sea eficaz en la explicación del porqué existen las ciencias sociales como ciencias, y cómo ella se diferencia de las ciencias naturales en cuanto a sus productos, su metodología y las leyes que plantean (interpretativas en lo social y explicativas en lo natural).
Otro vértice del problema es: ¿Qué tipo de sociedad intentan explicar (analizar/ interpretar/ describir) las ciencias sociales? Obviamente estudian una sociedad actual3, multidimensional, una sociedad que dada su complejidad interpersonal, institucional y estructural, nos resulta cotidianizada y casi invisible para quienes vivimos en ella: “El niño crece en una cultura en la que la realidad social le es, sencillamente, dada. Aprendimos a percibir y a usar automóviles, bañeras, casas, dinero, restaurantes y escuelas sin pararnos a pensar en los rasgos especiales de su ontología y sin tomar conciencia de que tienen una ontología especial. Nos resultan tan naturales como las piedras, el agua y los árboles.”4 En este tipo de sociedad compleja, los grupos sociales muestran conceptualizaciones básicas respecto al hombre, la naturaleza y la sociedad. En este contexto, la corriente naturalista y sus intentos por establecer los valores de verdad para la ciencia, suponen la existencia de conceptos y teorías científicas explicativas (no interpretativas) donde las leyes sociales debieran explicar y predecir fenómenos. Esta perspectiva postula la supremacía de la explicación causal (galileana) por sobre la explicación teleológica (aristotélica)5 : esto significa que la explicación causal busca explicar y predecir los fenómenos –naturales o sociales- y la explicación teleológica busca comprender los hechos de un modo finalista. Ser causal implica “subsumir casos individuales bajo leyes hipotéticas de la naturaleza, incluida la naturaleza humana.”6 Es propio del método de la explicación causal la inducción y la deducción de hipótesis, como forma de verificarlas y contrastarlas con la realidad, para transformarlas en teorías o leyes que expliquen o predigan, desde lo general, los fenómenos naturales o sociales particulares.
Para los críticos de los naturalistas, las leyes deben ser explicativas de un modo finalista, no causal, sino preguntándose por los fines últimos del conocimiento que se desarrolla: “el objetivo de las ciencias naturales consiste en explicar… Pero cabe decir que prácticamente cualquier explicación, sea causal o teleológica o de otro tipo, nos proporciona una comprensión de las cosas. Esta comprensión se encuentra vinculada a una forma de empatía y a la intencionalidad.”7
Por su parte la posición humanista argumenta que “si bien las ciencias naturales abandonaron los conceptos intencionales –rigiéndose para su estatuto por la teoría y la medida- , las ciencias sociales deben extraer sus conceptos de la vida social estudiada”.8 Para los humanistas, la importancia de los conceptos radica en que deben ser extraídos de la vida social y tener significación para ésta, o sea, su simbolismo no debe responder a los intereses del científico o investigador, sino que a los intereses y principios de una colectividad. Si bien el autor concuerda con estos postulados, no admite que las ciencias sociales no sean explicativas, pues para él –contrariamente a los humanistas- las motivaciones, valores y creencias sociales si son susceptibles de ser causas. El hecho que sean experimentados en forma sicológica no implica su invalidación para ser generalizados.
En este contexto, el afán totalizante de los pensadores que defienden la validez total del método y los resultados de las ciencias naturales, olvidan que las intencionalidades también pueden formar leyes que expliquen y/o interpreten la realidad social. Recordemos que la sociedad se constituye de individuos particulares, de sistemas individuales que tienden a un equilibrio interno y externo. Estos sistemas individuales han evolucionado desde la prehistoria hasta hoy. Forman sistemas de conciencia, de comportamiento, de interacciones, que pretenden conocerse a si mismos en sociedad. Entonces, ¿cómo hablar de objetividad científica9 cuando el mismo sujeto cognoscente –investigador o científico- está involucrado en la realidad que pretende conocer? En palabras de Ernest Nagel “se han necesitado siglos de esfuerzo para desarrollar hábitos y técnicas de investigación que protejan las investigaciones de las ciencias naturales contra la intrusión de factores personales extraños. Este problema, es obviamente más agudo en las ciencias humanas…Una contramedida fuertemente recomendada (contra las críticas de poca objetividad) es que el científico social abandone toda pretensión de estar libre de parcialidad y formule sus suposiciones valorativas lo más explícitamente posible.”10
De esta forma, llegamos a un punto donde el científico social debe hacerse cargo de su andamiaje valórico, expresando juicios de valor y juicios fácticos frente a su búsqueda por la comprensión de la realidad social. Aquí retomo la empatía y la intencionalidad explicitada por von Wright, para asociar estos conceptos básicos de la ciencia social con una de las directrices de la ciencia: el concepto de racionalidad y el realismo intersubjetivo de la sociedad.
Ciencia y sociedad
La objetividad es “el ideal rector que guía la investigación (la cual es) principalmente una medida orientada a cómo los investigadores asumen y llevan a cabo su investigación. Ella requiere que sean precisos, imparciales, abiertos, honestos, receptivos a la crítica, etc.”11 En este contexto, la objetividad no significa solamente neutralidad valorativa -como la consideraban metodológicamente los positivistas y neopositivistas- sino también, en palabras de Popper “la objetividad de los enunciados científicos descansa en el hecho de que pueden contrastarse inter-subjetivamente. Si insistimos en que los enunciados científicos deben ser objetivos, entonces los que pertenecen a la base empírica de la ciencia deben ser objetivos también, es decir, contrastables inter-subjetivamente. Por lo tanto, no puede haber enunciados últimos en la ciencia que no puedan ser contrastados.”12 En una línea similar, Lather establece que la “objetividad significa estar conciente y ser honesto acerca de las propias creencias, valores y parcialidades que afecten el proceso de investigación”13
Es claro que esta concepción kantiana de la objetividad apela a una colectividad, sea la comunidad científica que investiga los fenómenos sociales o naturales, o una comunidad de hombres comunes que conceptualizan su interrelación. Esta conceptualización define nuestra forma de ver y de vivir el mundo, pues separa dos dimensiones cruciales en la relación del sistema/ individuo con su entorno social. Hablo de la separación entre lo subjetivo y lo objetivo: “Epistémicamente hablando, “objetivo” y “subjetivo” son básicamente predicados de juicio. A menudo hablamos de juicios que nos resultan “subjetivos” cuando queremos decir que su verdad o falsedad no puede fijarse “objetivamente” porque la verdad o falsedad no es una simple cuestión de hecho, sino que depende de ciertas actitudes, sentimientos y puntos de vista de los proferidores o de los oyentes del juicio en cuestión.”14
Cuando hablamos de objetividad de las ciencias sociales no nos referimos a esa objetividad “a lo ciencia exacta”, neutral, sin valores involucrados; sino que hablamos de una objetividad inter-subjetiva, pactada en un acuerdo social (con una cultura, subcultura, una institución o una sociedad completa). Esta intersubjetividad está lúcidamente definida por Nagel: “hablar de buscar conocimiento “objetivo” en las ciencias sociales es inalcanzable. No obstante esto, puede lograrse una forma “relacional” de objetividad llamada relacionismo. Según esta concepción, un científico social puede descubrir cuál es su perspectiva social o valórica, y si luego formula las conclusiones de sus investigaciones “relacionalmente” indicará que sus hallazgos se ajustan a los cánones de validez de sus perspectivas.”15 Esta concepción de objetividad científica es congruente ya no solo con la labor individual del investigador, sino también con la labor de una comunidad de científicos, porque aún actuando desde perspectivas opuestas, pueden lograr esta objetividad relacional en sus hallazgos tratando de reducir las diferencias entre unos y otros, buscando un consenso y unas regularidades que permitieran –eventualmente- hacer amalgama y complemento entre investigaciones que en principio no permitieran esta fusión.
Dicha noción de “objetividad inter-subjetiva” se relaciona fuertemente con el concepto de racionalidad desarrollado por el autor Dagfinn Follesdal. Su relación es medular, en cuanto Follesdal resalta la racionalidad como una forma de ser coherente y congruente con las propias ideas, postulados, motivaciones y valores directrices de la acción –tanto a nivel individual como social-. Dicha racionalidad se constituiría en tres dimensiones: el comportamiento racional, las creencias racionales; y los valores racionales. Estas dimensiones forman parte de un todo único, presente en cada uno de los sistemas individuales personales, y se imbrican con la eficiencia y la consistencia individuales. El fin último de esta racionalidad es lograr consistencia lógica (entre las creencias del individuo, la institución o el movimiento social); que éstas creencias se encuentren bien fundadas (es decir, que no sean contradictorias entre si); que se basen en valores sólidos; y que acorde a esto se actúe de una forma racional.16
Desde esta perspectiva, actuar racionalmente para el cientista social sería actuar motivado frente a los fenómenos que lo admiran y le causan curiosidad. Responder a estos cuestionamientos en conformidad a sus valores y creencias es uno de los requisitos principales para poder actuar racionalmente, tanto conforme a si mismo, como a su actividad investigativa. En este punto vuelvo a mencionar a Nagel, en cuanto el investigador debiera, además, reconocer y hacer explícita su carga valórica al momento de dar a conocer los resultados de sus investigaciones. Esto, en un intento por demostrar que la racionalidad del proceso es la que lo sustenta internamente. El científico social es un sujeto epistémico marcado por una historia evolutiva humana, por una determinación genética y unos valores y principios bajo los que fue educado. No puede obviar esta carga, porque él mismo está inmerso en una sociedad y es transculturizado por ella. El hombre individual como investigador, como gobernante, como ciudadano o como oponente a un sistema, es un individuo que determina sus circunstancias inmediatas y su entorno social bajo la influencia de sus motivaciones, creencias y valores motores.
Desde ellos actúa y vive en un mundo externo que la ciencia debe describir, conocer y predecir sus fenómenos. Un mundo que existe –y seguirá existiendo- independientemente de nuestros destinos en particular: este es el realismo que Searle define como “una doctrina ontológica, que dice la existencia de una realidad totalmente independiente de nuestras representaciones…Realismo es la concepción según la cual las cosas tienen una manera de ser que es lógicamente independiente de todas las representaciones humanas. El realismo no dice cómo son las cosas, sino sólo que tienen una manera de ser.”17 Esta realidad social es construida por nuestras motivaciones, que devienen en representaciones y acciones dentro y para el mundo social.
Es en este contexto donde se encuentra inmersa la ciencia social como generadora de autoconocimiento, que debe interpretar los hechos y fenómenos que se están sucediendo en la interacción social: “las acciones responden a motivos; la fuerza de los motivos descansa en el hecho de que los agentes están dispuestos a seguir pautas de conducta características; tales pautas proporcionan las “leyes” que conectan motivo y acción en el caso individual.”18 Estos motivos que impulsan las acciones, son individuales, y responden a la naturaleza unívoca de los seres humanos. Por ello se le critica muchas veces a las ciencias sociales que no pueden ser válidas toda vez que incorporan elementos de juicio que “mancillan” la deseable pureza desde el origen de la investigación. Esta visión parcializada no toma en cuenta que las pre-concepciones y motivaciones del propio investigador “reflejan los valores sociales incorporados en su educación (…)”19 Por otro lado, las relaciones interpersonales, las instituciones, los hábitos sociales y los productos culturales van mutando constantemente, por lo que considero primordial que los científicos sociales, los investigadores vayan cambiando al mismo ritmo que la sociedad. Es un imperativo al que el ser humano sigue obligándose desde que comenzó su vida consciente y racional en convivencia con otras especies.
Conclusiones
Para algunos filósofos, el hombre es un animal racional. Actúa sobre el mundo acorde a sus principios y motivaciones. Transforma el mundo y la sociedad; y en esa misma medida necesita conocerse a si mismo, a su entorno y a sus congéneres. En este contexto se configuran las ciencias naturales y sociales.
Sin embargo, la discusión en torno a la validez metodológica y teleológica de las ciencias sociales sigue sin dar tregua. Las posturas frente al tema son diversas y antagónicas, con encuentros y disociaciones. El punto central del problema es que las diferentes posturas apelan a discusiones que han permanecido por eones en el seno de la filosofía, sin vislumbrar hasta ahora solución satisfactoria para ellos: el problema de las leyes (si deben explicar/ interpretar o describir); el problema de la veracidad de los enunciados de las hipótesis o las leyes (problema de Hume); el criterio de demarcación entre lo que es ciencia y lo que es especulación metafísica (problema de Kant), etc. Por lo pronto, la respuesta a la pregunta por la validez de las ciencias sociales comienza a darse respuesta: son válidas, toda vez que se plantean en términos racionales, coherentes con el investigador, con la sociedad o la cultura que requiere este conocimiento. Además, este conocimiento es configurado por las representaciones de cada sociedad, cultura o institución en estudio, desde sus propias representaciones y conceptos que definen su situación frente a un mundo real, que existe en forma independiente a su existencia. Este mundo real es tanto social como natural, trasciende a las vidas individuales y se configura en períodos más extensos y en procesos más complejos que nuestra contingencia óntica.
Por otro lado, llama la atención la notable la diferencia – en cuanto al desarrollo teórico y metodológico – al interior de las mismas ciencias sociales: la que claramente tiene un perfil más definido y a la que se destinan más recursos es a la investigación y desarrollo de la economía. Sin embargo, con más financiamiento y una mayor rigurosidad interna, sin temor a la formalización y a los métodos propios de las ciencias naturales; el resto de las ciencias podría ampliar sus conocimientos, hacerse más sistemáticas y poner al servicio de la sociedad sus herramientas, para acercarnos cada vez más a conocer la raíz del Ser humano y actuar coherentemente conforme a esto. En palabras de Antoni Doménech: “ (…) no hará falta recordar el tremendo impacto académico que han tenido en los últimos lustros el relativismo ético y cultural, el nihilismo epistemológico y el desapoderado asalto a los valores de objetividad epistémica, claridad y probidad conceptuales y rigor empírico. En el mejor de los casos, el vendaval posmodernista en las ciencias humanísticas significa sólo un despilfarro de parte de recursos públicos destinados a alimentar estudios superiores en humanidades y ciencias sociales. En el peor, el desbaratamiento de talentos jóvenes y la esterilización obscurantista de la investigación social. Lo bueno es que buena parte de la responsabilidad no recae sobre los científicos sociales y humanistas consumidores de productos filosóficos, sino sobre los filósofos generadores de esos productos.”20
Notas
3 Sin perjuicio de las ciencias que, como la arqueología o la paleontología, estudian sociedades –humanas y animales- ya extintas o culturas indígenas no pertenecientes (pero influenciadas) por el mundo moderno.
5 Ambas categorías analizadas con mayor profundidad en el texto de von Wright, Georg: “Dos tradiciones”. Cap I del libro “Explicación y Comprensión”, Ed. Alianza, Madrid, 1987.
8 Fay, B. & Moon, D.: “What would an adequate philosophy of social sciences look like?”. En Martin y Mc Intyre: “Readings in the philosophy of social sciences”. MIT, 1995.
11Smith 1990, Phillips 1990, Schwandt 1990. Fuente electrónica: http://www.fes.uwaterloo.ca/u/mbldemps/meth/pnsresearch/objtiv.html
13 Lather, 1993. Fuente electrónica: http://www.fes.uwaterloo.ca/u/mbldemps/meth/pnsresearch/objtiv.html
16 “la forma de actuar racional seguiría esta secuencia: i) determinar los cursos de acción posibles, ii) contrastarlos y elegir uno racionalmente, pero de acuerdo a los valores, creencias y propias limitaciones.” Follesdal, D. “The status of rationality assumption in interpretation and in the explanation of actions.” En Martin, Op. Cit. Cap. XIX.
20 Doménech, Antoni. Prólogo a “La construcción de la realidad social” de John Searle.
Bibliografía
- Bunge, Mario: “La ciencia: su método y su filosofía”. Ed. Siglo Veinte, B. Aires, 1977.
-
Fay, B. & Moon, D.: “What would an adequate philosophy of social sciences look like?”. En Martin y Mc Intyre: “Readings in the philosophy of social sciences”. MIT, 1995.
-
Follesdal, D. “The status of rationality assumption in interpretation and in the explanation of actions.” En Martin y Mc Intyre: “Readings in the philosophy of social sciences”. MIT, 1995.
-
Nagel, Ernest: “La estructura de la ciencia”, Cap. XIII, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1981.
-
Popper, Karl: “La lógica de la investigación científica”. Ed. Tecnos, Madrid, 1985.
-
Rickert, Heinrich: “Ciencia cultural y ciencia natural”. Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1922.
-
Searle, John: “La construcción de la realidad social”.Ed. Piados Ibérica, Barcelona, 1997.
-
Smith 1990, Phillips 1990, Schwandt 1990 y Lather 1993. Fuente electrónica: http://www.fes.uwaterloo.ca/u/mbldemps/meth/pnsresearch/objtiv.html