Hermano mío, mi querido Claudio: te me fuiste en el otoño, y aqui la primavera ya nunca más será lo que para mí era. Te me fuiste de repente, entre personas desconocidas, debilitado y frágil como esos pajaritos a los que acogíamos en su desesperado intento por vivir…
Dime hermano: ¿qué fue de nuestra maravillosa vida juntos? Risas, alegría, secretos compartidos, complicidad, juegos, algunas rencillas pocas y muchas esperanzas puestas en el futuro… que se te ha truncado asi, de repente… A tí, justo a tí, ¿por qué a ti?: una persona tan sincera, llena de amor y viviendo ahora la plenitud de tu vida… y la muerte nos deja sin tí, te vas a otro lugar donde mis manos ya no pueden tocarte ni mis ojos pueden verte, ni mis palabras compartir contigo.
No me pidan hoy para mi hermano un homenaje alegre, así como él era, optimista y amigo, jovial y alegre… no me lo pidan, no hoy, que mis ojos se han secado de tanto llorar y la distancia me duele más que la inexorabilidad de su partida. No me pidan fortaleza, porque tengo que llorar, no me pidan cordura porque la muerte enloquece de falta, enloquece de angustia, enloquece de “nunca más”. No me pidan consuelo, todavía no… ese llegará con los días. Y será difícil, porque te me apareces dolorosamente en todas partes: en cada canción, en cada frase, en cada cosa que veo.
Hermano: perdóname si te hice sufrir, perdóname si te hice llorar. Perdóname esta ausencia terrible, perdóname no haber estado contigo hasta el final. Si ya antes me hacías falta, imagínate ahora que no podré volver a verte… y estas palabras son el triste remedo de lo que llevo por dentro y me carcome, de este dolor sordo, profundo y enloquecedor de tu nunca más.
¡te quiero Claudio!… descansa en paz y amor…