Pesadillas
October 22nd, 2006
Incubos, pesadillas, esas horrendas y pesadas imágenes que no nos dejan dormir, que nos hacen despertar muchas veces, llorando de miedo, llorando de rabia, llorando de dolor… No suelo tener muchas pesadillas. Al contrario, duermo bastante bien pero cuando una de ellas se cruza por mi sueño inconsciente, resulta una experiencia realmente terrible. De pequeña mi más grande pesadilla era que me llevaba un gigante, alejandome de la seguridad de mi hogar… Esta pesadilla incluso la tenía en momentos de enfermedad, cuando la fiebre me abrasaba: siempre llegaba la mano del gigante que me arrancaba de mi casa. Pero, paradojalmente, las pesadillas tienen algo bueno: siempre terminan. Ya sea que despiertes, que saltes, que te despierten porque llorabas, o por cualquier motivo, sabes que la pesadilla terminará cuando abras tus ojos, y que luego de ese resabio desagradable que deja, todo quedará en el pasado y tu vida volverá a la normalidad.
Ahora, de grande, la pesadilla del gigante ya no me acompaña. Pero desde hace unos 9 años me sucede algo extraño, algo contra lo que no puedo lidiar porque es repentino e inconsciente: tengo pesadillas despierta. En estado de plena vigilia y consciencia, a plena luz del día, cuando realizamos las más cotidianas tareas de la vida… pero también (y de manera más turbia) esta pesadilla consciente hace presa de mi, especialmente, cuando estoy preparándome para dormir. Cuando en el silencio de tu habitación, cuando estás abandonando tu existencia a un limbo en que olvidas todo, justo en ese momento, la pesadilla me ataca, para hacerme sufrir lo indecible con sus imágenes terroríficas, con sus gritos ahogados, con su sufrimiento infinito.
Mi pesadilla es cotidiana y, lamentablemente, no tiene nada fuera de lo común: mi pesadilla es el sufrimiento animal. Mi pesadillas son los tristes ojos del perro vago que vi desde el autobus, los inocentes ojos de las vacas o los cerdos que iban por la carretera camino del matadero, los ojos sedientos de los caballos que tiran los carros en que pasean alegremente los turistas. Mi pesadilla son los ojos sufrientes que no esperan una mano amiga que mitigue su dolor, esos ojos sufrientes, de los miles de animales que anónimamente mueren por causa humana. Mi pesadilla son los animales que esperan a ser sacrificados en el matadero, mi pesadilla es el eterno esperar doloroso de los monos encerrados en los laboratorios de las ciudades del mundo, mi pesadilla es el sufrimiento ahogado de los animales maltratados, cegados, mutilados, que en vano viven una vida de sufrimiento para morir ahogadamente sin que nadie los sienta.
Por eso estoy trabajando. Para que algún día glorioso esta maldita y horrorosa pesadilla se extinga… Pero, como leí por ahí, somos prisioneros de nuestros sueños, aunque yo lo soy de esta pesadilla, de la que tengo la suerte de despertar… Porque ellos, los olvidados, sólo se consumen en el dolor, injustamente, inescrutablemente.
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