Algunas odiosidades consumistas
Hace unos días asistí muy entretenida e interesada a una conversación entre dos personas. Una trataba de convencer a la otra de las ventajas de instalar aire acondicionado en su casa. A pesar de todos los ventajosos argumentos pro A.C, el personaje impelido a modernizarse finalmente respondió que no lo convencía… Contrastamos puntos de vista y nosotros le dijimos: “para nosotros el aire acondicionado es como un lujo -y es por lo tanto- innecesario”. Para nuestra sorpresa, esta persona nos respondió que para él también. Entonces, maravilladamente pensé: “¡no estamos solos!”…
Es que ante la avalancha consumista de tanta gente, a veces de verdad me da la impresión que parecemos primitivistas para muchas personas. Pero al parecer, somos muchos más de los que pensamos -ojalá-.
Tengo 28 años. No tengo auto, ni casa. La casa me interesa (pero una vivienda energéticamente eficiente y ojalá de materiales amistosos con el medioambiente), pero un auto no es necesario. No uso perfumes ni me interesa usarlos. Compro ropa idealmente de segunda mano. Trato de ahorrar agua y electricidad, no de apretada o “virgen del puño”, sino porque cada ampolleta encendida de más me parece un atentado contra la naturaleza. Reciclo la basura, ojalá tuviera espacio para hacer compost. En la medida de lo posible trato de no comprar alimentos envasados ni pre-fabricados, uso el transporte público (también cuando es necesario, si hay distancias caminables: ¡se caminan y punto!) a falta de bicicleta -que es lo que quisiera-. Trato de desincentivar el uso de productos experimentados en animales y por supuesto, de no consumirlos en casa ni en el trabajo.
Tengo bastantes manías que me harían parecer una vieja c… de mil años. Pero ¡es que no se puede vivir sin consciencia del mundo en el que vivimos! TODOS SOMOS RESPONSABLES de lo que pasa en el mundo, a todo nivel. Cada decisión que tomamos a nivel micro tiene un tremendo impacto a nivel macro! y no podemos alegar desconocimiento o ignorancia respecto a este hecho.
Pero también está el lado-B de todo esto: habérselas con el hecho imposible de comprar “a la medida” del consumidor consciente, o al menos, poder hacerlo a precios convenientes. Porque parece que lo “orgánico-ecologista” está de moda, por lo que es carísimo comprar verduras sin pesticidas o especies de cualquier tipo certificadas como comercio justo. En fin, que para odiosidades mi mundo es bien fértil… Si no, dejaría de ser yo ![]()