Para mi papá

Sé que el día del Padre es una pura chiva para que uno compre regalos, una fiesta inventada para la tóxica dupla sentimentalismo y consumo… Pero no está de más regalarle este día un par de reflexiones a mi querido viejito que está tan lejos de mi ahora.

Mi padre fue siempre mi guía, mi compañero de juegos… No sé cómo se las arreglaba para tener tanto ánimo y ganas de jugar conmigo, cuando por las tardes llegaba agotado de su trabajo en el campo. No importaba cuán cansado llegara o cómo hubiera estado ese día: mi papá siempre estuvo ahi, conmigo, cada tarde, para escuchar con paciencia de santo las canciones que había aprendido en el colegio, o para jugar conmigo e inventarme mundos imaginarios que eran nuestro maravilloso universo compartido. En nuestros juegos él llegaba a comprar a mi negocio, era mi invitado a tomar once, o mi paciente en el hospital -al que operaba o inyectaba de acuerdo a la enfermedad que tuviera ese dia-…Mi viejito siempre me abrazaba, abriendo su chaqueta diciéndome: “¡escoondase! mire que cuando esté más grande ya no podrá esconderse entre mis brazos”… Y de repente un día terrible, traté de esconderme y no pude hacerlo: estaba demasiado grande.

Mi padre siempre me alentaba a seguir adelante y a estudiar. Siempre le gustó mucho que le hablara de las cosas que aprendía en el colegio -sobre todo de filosofía- mientras tomábamos el desayuno que él me había preparado, todas las mañanas antes de ir al colegio.

Cuando dejé la casa para ir a la universidad, mi papá siempre me alentó a ser valiente y luchadora… Cuando los visitaba en el fin de semana, era siempre él quien terminaba “echándome” de la casa para que no me fuera tan tarde a Santiago, o me despertaba muy temprano para que tomara el primer bus que saliera desde mi pueblo a la capital. Sé que le hubiera gustado mucho que estudiara alguna carrera relacionada con el campo, pero no me criticó cuando quise estudiar trabajo social. Ni cuando después de la U, entré a estudiar filosofía. Ni cuando llegamos un día con Carlos (mi pololo) a la casa, para decirles que nos iríamos a vivir juntos. Ese fue un golpe para una familia tradicional católica, pero mis padres me dieron la chance, la oportunidad de aprender a vivir de la manera que yo había elegido, a pesar de que iba contra sus principios… más tarde estuvieron tranquilos, al ver que todo iba bien con esa pareja con quien nos habiamos encontrado y elegido mutuamente.

Hoy mi padre es un hombre mayor. Mañoso y malhumorado en ocasiones, en otras muy alegre y vivaz… Se levanta siempre muy temprano, almuerza copiosamente y con una copita de vino, a veces duerme una siesta. Juega con sus nietos -igual como lo hacía conmigo, aunque con menos energía naturalmente-, duerme con las gatas -que yo les dejé encargadas mientras estamos lejos del país-. Si hasta en eso eres tan lindo: sé que quisieras tener otros nietos, hijos míos, pero respetas mi decisión de no querer ser madre. Y quieres y consientes a estas gatas mañosas como si fueran unas nietas que viven contigo.

Mi viejito: quisiera estar pronto contigo, para darte un abrazo y que sepas lo que te quiero. Aunque nuestras ideas y maneras de vivir el mundo sean ¡tan, tan diferentes! siempre te agradeceré haber sido el padre maravilloso que fuiste conmigo, mi compañero de juegos, mi amigo y mi apoyo constante… Quiero devolverte esa mano en cuanto pueda, porque para mi ustedes son ahora un compromiso pendiente… Quiero estar contigo y contarte las cosas que he visto, las cosas que he hecho, las cosas que he aprendido, porque sé que mis ojos son para ti una ventana al mundo. Quiero sentarme frente a la chimenea, contigo, y tomarnos un vasito de vino, o una buena taza de té, y charlar y reirnos y escuchar por enésima vez tus historias entretenidas.

Quiero volver a sentirme una niña, contigo, como cuando vivíamos juntos sin preocupaciones… Cuando abrías tu chaqueta y me decías “¡escóndase!”… como cuando nuestros días comenzaban para mi sintiendo tu voz al despertar, y finalizaban dándote un beso de buenas noches… Por ahora no podemos estar cerca, pero me acerco a ti con estas palabras y mi recuerdo. ¡Te quiero mucho mi papá!

Tu hija que te adora,

Fabiola

3 comentarios en: “Para mi papá”

  1. Myriam dice:

    aca estoy, metiendome en tu vida, tu viejo es mas lindo que el sol, aunque ahora estés odiando el calor que debe agtobiarte me imagino las tarde por esos lados con climas tan tampestuosos, fulgura haz conocido lo rá pido que el tiempo pasa, y ya muy prontito estrás junto a tus seres queridos. Tienes esa oportunidad. Yo la tendré por muy poquito tiempo y procuro vivirla a concho.

  2. Carmencita dice:

    Querida Fabiola
    De intrusa me he metido en tu vida, ya que apenas te conozco, encuentro tu vida muy entretenida, la carta a tu padre es muy emotiva y llena de recuerdos de una linda infancia, cuando termine de escribirte te diré quien soy, espero que te acuerdes de mi. Lamentablemente yo tengo recuerdos no gratos de mi padre ya que era de los padres pegadores el todavía vive lo quiero pero no de la forma en que te refieres al tuyo, te felicito por tu vida y espero que cuando vengas a Chile me pases a ver para así conocerte más y hablar de la vida que es tan complicada vivirla te lo digo porque soy una mujer de cincuenta años con dos hijos con un marido que es compañero, disfruta a Carlos. Bueno Fabiola soy Carmen
    la jefa de la Biblioteca de San Vicente trabajo con Paola y Clarisa, espero que me recuerdes, Cariños Carmen

  3. mARROQUIN dice:

    QUE BONITA WEB.. SALUDOS DE LOS ANGELES CALIFORNIA

Dejar un comentario: